Otro final de jornada vacío, con las esperanzas puestas en un mañana que repite la misma cosas de siempre. Aunque hoy, en un gesto de atrevimiento adolescente, me he decidido a escribir a Mariola, absurdamente, y con pocas expectativas de contestación. Vaya días, a pesar de haber suspendido algunas cosas. Esperaré. Tres días de infarto.

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