Cerrado aquí, con un mogollón de cosas que hacer; hecho polvo por la falta de descanso y por el abuso de la cafeína y el cacao para elevar el ánimo. Esta mañana la he visto y mi corazón ha dado un vuelco como el de un adolescente. Cojo el bolígrafo y voy soltando lastre, que aquí significa alivio momentáneo pero no solución definitiva. Estoy sumido en la pobreza (realidad solo constatable por mí, y apenas sospechada por mis padres).
Esta mañana he recibido de José Gabriel, el recopilatorio de Domingo y los Cítricos. ¡ Que gran trabajo doméstico, cuanto cariño por el Pop y por los amigos! ¡Que gran persona¡. Me cuenta en el correo electrónico que ha escrito una crónica en Ruta 66. No ha concretado más, ni yo he querido preguntar más. Mañana, si tengo dinero, me haré con la revista y veré en que ha consistido esa colaboración.
Noto que, a pesar del largo tiempo que llevo sin escribir a mano, las ideas me salen mejor que manejando el programa informático. Debería retomar la escritura, ya que la lectura no la he abandonado, al contrario, estoy leyendo más que nunca; sobre la mesilla de noche, se han amontonado durante los últimos días El Hobbit (reelectura), Beowulf y otros poemas anglosajones y una compilación de texto dedicados a la crítica literaria, del americano nacionalizado británico Henry James. El novelista y crítico exige, casi como toda la literatura del siglo XIX que ha pasado por mis manos últimamente (Quincey, Chesterton,…) concentración absoluta y paciencia, mucha paciencia. Obtenidas ambas cosas, afrontar la literatura de este periodo es un deleite. Es cierto que no están los tiempos (mis tiempos al menos), en disposición de dejar sosiego a mi mente, pero mal que mal me voy haciendo hueco en ella sin desperdiciar demasiado la esencia que estas lecturas me brindan.
Como tantos días, a esta hora, (las siete de la tarde), hago propósito de enmienda, pero el monte está tan lleno de broza, que los intentos por empezar a atravesarlo degeneran en desaliento y después en la tristeza y la apatía de siempre.
Una de mis últimas cavilaciones, ridículas, es la de afrontar los estudios de Filología Hispánica, en Madrid. Y por supuesto, previamente debería acceder a recursos económicos de los que no dispongo. Y además, ir poco a poco introduciéndome en el mundo del cine, en concreto del guión.
Esta mañana he recibido de José Gabriel, el recopilatorio de Domingo y los Cítricos. ¡ Que gran trabajo doméstico, cuanto cariño por el Pop y por los amigos! ¡Que gran persona¡. Me cuenta en el correo electrónico que ha escrito una crónica en Ruta 66. No ha concretado más, ni yo he querido preguntar más. Mañana, si tengo dinero, me haré con la revista y veré en que ha consistido esa colaboración.
Noto que, a pesar del largo tiempo que llevo sin escribir a mano, las ideas me salen mejor que manejando el programa informático. Debería retomar la escritura, ya que la lectura no la he abandonado, al contrario, estoy leyendo más que nunca; sobre la mesilla de noche, se han amontonado durante los últimos días El Hobbit (reelectura), Beowulf y otros poemas anglosajones y una compilación de texto dedicados a la crítica literaria, del americano nacionalizado británico Henry James. El novelista y crítico exige, casi como toda la literatura del siglo XIX que ha pasado por mis manos últimamente (Quincey, Chesterton,…) concentración absoluta y paciencia, mucha paciencia. Obtenidas ambas cosas, afrontar la literatura de este periodo es un deleite. Es cierto que no están los tiempos (mis tiempos al menos), en disposición de dejar sosiego a mi mente, pero mal que mal me voy haciendo hueco en ella sin desperdiciar demasiado la esencia que estas lecturas me brindan.
Como tantos días, a esta hora, (las siete de la tarde), hago propósito de enmienda, pero el monte está tan lleno de broza, que los intentos por empezar a atravesarlo degeneran en desaliento y después en la tristeza y la apatía de siempre.
Una de mis últimas cavilaciones, ridículas, es la de afrontar los estudios de Filología Hispánica, en Madrid. Y por supuesto, previamente debería acceder a recursos económicos de los que no dispongo. Y además, ir poco a poco introduciéndome en el mundo del cine, en concreto del guión.

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