Ha llegado el frío con fuerza, con un vigor que ahoga el mío. Otra semana pasada en blanco, dejando pasar las horas de una vida sin sentido. Leo Confesiones de un comedor de opio, de Sir Thomas de Quincy. Magnífica obra literaria, llena de matices y de conocimiento de la vida. Una vastísima cultura y un amplísimo sentido de la experiencia forman un subsuelo sólido desde donde se levantan cimientos inamovibles, una estructura compleja rematada por una ornamentación clásica que sella una construcción sin fisuras, con coherencia interna y alejada pese a todo de la llamada retórica decimonónica. Una delicia que hay que leer despacio, sin urgencias de ningún tipo, preferiblemente en un entorno otoñal y sosegado. Ese entorno que llevo buscando años y que cada vez se me aleja más y más.

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